Hay días que el mundo confabula. Hoy llueve en Montevideo y en Monterrey. Es un día gris por donde quiera que lo mire. Mi compañero de laburo escucha blues, yo leo notas sobre Levrero y siento que me perdí conocer un gran tipo.
En Monterrey llueve y se paraliza la ciudad, la gente llega tardísimo al laburo, se cancelan las reuniones y cada uno vuelve a casita temprano. El agua aparece por todos lados en una ciudad hecha para la sequía, y obviamente que también inunda el alma, aunque suene rematadamente cursi.
Creo que lo mejor es cazar las patas de rana y entrarle sin asco a esa cosa turbia que toma posesión de todo. O quizá abrir el paraguas y pararse contra la pared a esperar que escampe.