Puse el título y me acordé de los eternos tuttifrutis, las batallas navales, los tateti y demás boludeces en las que perdía el tiempo cuando estaba en el liceo. Este fin de semana tocó recordar un poco, hace un rato escribía por ahí que extrañaba la vieja imagen del Pulidor Bao, aquella que me ayudó a hacerme una idea de infinito. Pal que no sepa, la imagen se trataba de unas 6 personas que rodeaban un gran envase de pulidor, que a su vez tenía esa imagen con un pulidor y a su vez dentro había otra imagen...Cuando tenía 5 años me quedaba horas pensando en esa repetición y sus posibilidades.
Por esa época mi abuela trató de explicarme que dios estaba en todas partes, que veía todo lo que hacía. Creo que ahí empezó mi paranoia, algo parecido al concepto de gran hermano. Todo lo que hacía venía siendo piloteado por una suerte de supra imagen que yo me hacía de lo que "dios" veía de mi, por ej. me daba mucha timidez desvestirme aunque estuviera sola, porque dios me estaba mirando y así me pasó siempre con todas las cosas.
Hay una teoría por ahí que dice que las mujeres no nos consideramos sujetos plenos, porque no nos educaron para ser sujeto sino para ser objeto, de esta forma nuestra automirada siempre viene desde el afuera, nuestras acciones están estrechamente vinculadas a la imagen que queremos dar o darnos, bueno, en realidad la historia es más profunda pero me embola meterme mucho en esto ahora. En mi caso personal esto de ser sujeto es un laburo diario (todo bien con la teoría, la cosa es pasar a la práctica) y ni hablar de la carga que representa esa supra-mirada que no suele dejarme tranquila.
Estaba pensando si actualmente creo en dios o no, y la verdad no lo tengo claro. No me gusta pensar que a veces creo en una especie de figura masculina que dice qué está mal y que no; reconozco que tengo una historia espiritual que no quiero negar y que afecta mi vida, en ocaciones siento que algunos muertos cercanos me cuidan, y cuando estoy MUY jodida me sale el rezo en automático (cuando me caí y me quebré la pata, en medio del dolor sólo atiné a pedirle a mi tía flores de bach y a emitir el viejo balbuceo carismático) yo que sé, creo que tengo un dios a medida y según las circunstancias, lo cual no está mal.