Ayer me tocó despedir a un compañero de laburo. En primer lugar me resultó raro no ser yo la despedida porque desde uruguay me ha estado pasando que a la que despiden es a mi. Obviamente ando paranoica con ese tema, el tipo era mi “compañero de fórmula” y entonces no sé si les va a dar por reemplazarme a mi también ahora. Veré cómo pinta la cosa, yo no puedo hacer nada al respecto.
Esta despedida me hizo reflexionar sobre las veces que tenemos que despedirnos. No sé si prefiero despedirme de alguien que ya sé se va a ir (o morir o lo que sea que implique la despedida) o hacerlo de golpe y sin aviso. Me inclino por pensar que prefiero saber con tiempo de la despedida para poder prepararla pero al mismo tiempo pienso que la despedida de esta forma se hace mucho más larga. Hasta puede ser que de tanto despedirte y sufrir por anticipado cuando esto de hecho ocurra no pase nada.
La cosa es que estoy pa las despedidas y cuando pasan ocurre un cambio. De prepo o voluntario, pero las cosas se mueven. Y a veces necesitamos que las cosas se muevan para acordarnos de que estamos vivos.