Hoy salía para el laburo y cuando bajo las escaleras alguien me dice “Oiga”. Me di vuelta y vi a mi vecino. No lo tengo muy registrado al tipo pero sí a su madre, una sordomuda que siempre está chusmeando en la escalera o en la puerta. “¿Le puedo pedir un favor? Es que mi madre sufre de convulsiones y le dio una ahorita. ¿No me ayuda a cargarla hasta la cama?” Ni lo pensé y le dije que si. Entré a esa casa y fuimos directo a la cocina, la doña estaba tirada boca arriba, con un par de almohadones bajo su cabeza y roncaba plácidamente ¿Convulsiones? Bué, la levantamos y con mucho esfuerzo la llevamos hasta la cama. Era impresionante la cara del tipo, se veía que tenía terrible susto, lo cual contrastaba con el plácido ronquido de la vieja. Se veía que estaba a punto de llorar. Agarré y le pasé enérgicamente la mano por la espalda (al tipo), no sé, cuando ando sacada a mí me ayuda…le dije “¿llamaste al médico?” me contestó que si, le desee suerte y me fui al laburo. Espero que no se haya pensado otra cosa con mi rascada de espalda…
Otra: el miércoles nos juntamos los ex compañeros de un taller literario. Hacía casi un año que no nos veíamos, en la conversa una de las minas contó que para fin de año se enteró de que tiene cáncer de mama. Pah, salado…La vi muy fuerte y lista para la batalla contra el tumor, como se hace revisiones todos los años (su madre murió de eso) el coso no está muy grande pero está calificado de grave. Es una mina con mucho ovario que debe de haber sido una de las primeras mujeres regias (así se les dice a las que viven en Monterrey) en hacerse inseminación artificial para parir sus hijos (sin tener pareja ni nada) el tema es que sus niños (en estos casos es normal que sean gemelos) le están preguntando por su padre y ella se comunicó con el banco de semen para averiguar alguna cosa. No sé, por un lado sentí que va a ser una búsqueda al pedo y también me llamó la atención esa especie de inocencia al pensar que sí es posible ubicar a ese padre-donante desconocido, ojalá tenga suerte, a veces los milagros pasan.
Tercera. Ya hace dos años y medio que me fracturé la pata y me sigue doliendo, obviamente no se compara con el dolor de la caída ni con el de los primeros tiempos, pero sí me duele cada tanto. La cosa es que ya me acostumbré al dolor. Esto quiere decir que cuando camino y me está doliendo ni siquiera soy conciente de que me duele, pero SI me duele. ¿Me explico?