-Estoy extrañando, suspiró.
-Bueno, es normal a esta altura. Vos pensá que te quedan unos cuatro meses y volvés.
-El problema es que allá me espera salado kilombo.
-Ta pero…también está el país, los ruidos, los olores, todo eso. ¿No?
-Puta. ¿Porqué tenés que terminar con ese “no”? Venís bien pero cuando llegás ahí la cagás.
-Ta bien, entonces mejor te digo que cuando extrañás lo único que podés hacer es esperar a que se te pase, creeme: se te pasa.
-Si, pero por cuánto tiempo
- No sé, pero a medida que pasan los días la cosa va cambiando y cuando querés acordar a veces pasás hasta un día sin pensarlo.
-Me encanta cómo me consolás.
- Sabés que no soy buena para eso.