Sé que ya los leyeron pero si pueden opinen. No puedo extenderlos. Los mexicanos que visitan este lugar ¿podrían decirme si se me escapó algún uruguayismo? Gracias.
ECO
¡Plam! El sonido de la puerta resonó en la casa - ¡Ya llegué!
En automático, cuelga las llaves y enciende el radio; la habitación se llena de voces comentando los goles del clásico.
- ¡Qué día! Estoy agotado. No veía la hora de llegar. Pero mírate nomás… ¡Qué linda estás! ¿Sabes? No aguanto el olor a cigarro que traigo ¿Me doy un baño rápido y cenamos?
Bajo la regadera continúa hablando.
- ¡Ahhh! ¿Recuerdas la canción de ayer? Estuve toda la tarde tarareándola, no podía quitármela de la cabeza
- (canta) No importa que no me quieeeeras, si me quisiste mujer, dime que son de placer tus ojeeeraaas.
Cierra el grifo y en bata va a la cocina.
- Muero de hambre.
Luego de unos minutos deposita en la mesa del comedor un plato humeante.
- Buen provecho mi amor.
Y se lleva el tenedor a la boca mientras la foto muda le sonríe.
El TOQUE
Un peso muerto cae sobre mí y el oído izquierdo me zumba con su resoplido. Un minuto, sólo un minuto más y le diré que se quite, lo haré con delicadeza para que no crea que me molesta y, también con delicadeza, me cercioraré que el condón se vaya con él. Se sentirá aliviado, lo sé. En realidad hubiera querido derrumbarse en la almohada y no sobre mí pero es de los que piensa que nosotras somos románticas y sensibles y adoramos hacer cucharita.
Paulatinamente comienzo a sentir como si una aplanadora me pasara por encima. Mataría por un cigarro. ¡Que se mueva ya! Lo único que falta es que se duerma; no sería la primera vez.
Y luego - ¿Te gustó?- Pongo play y respondo - Sí (de hecho me la pasé como nunca, podría jurarlo).
Disimulando la ansiedad mi mano derecha tantea ciega buscando los cigarros; sé que los dejé allí, junto al encendedor. Años de práctica hacen que identifique el paquete y lo encierre en un puño voraz. Ni modo, necesito la otra mano...
Entonces dice - ¿Viste los cigarros?- Salvada. Rápidamente lo hago a un lado, me siento, y solícita le prendo uno.
Miro semibizca la llama mientras le doy un toque. Es lo que más he disfrutado en estas dos horas.
ZAPATERÍA
- Déjeme ver…sí, usted es del 9. Siéntese que ahorita se los traigo.
Se sentó y contempló sus pies dentro de unos cómodos mocasines. Pensó que siempre había usado mocasines negros y recordó porqué:
- Pero mamá, yo quiero las botas ¡Mira que bien me quedan!
- A ver…No. Te quedan chicas. Además faltan dos meses para el verano. - Siempre fue imposible discutirle.
Años después, ya trabajaba, se las compró y las sacó a relucir una noche de antro.
- Me quedan super bien ¿no?
- Sá…vas a parecer un soldado…
La vendedora lo trae a la realidad diciéndole:
- Mire, negros no me quedan, pero le traje estos café que es el color de moda.
- Creo que me quedan chicos, probemos con unos del 10.
Cuando la vendedora bajaba nuevamente al depósito se decidió:
- ¡Espere! Mejor esas botas, las de gamuza, un par del 10, si, del 10.
Me importa un carajo, si parezco soldado es mi problema, a mi me gustan y me las voy a poner para ir al cementerio, sí, con mis botas nuevas, para que veas. Para que veas de una vez que ya no vas a poder elegirme los zapatos mamá, ni tampoco la ropa. Y también le voy a pedir el divorcio a Martha, porque sí, porque me tienen harto sus histerias. Voy a vender el Ford, sí sí, lo voy a vender y me voy a comprar la moto qué tanto…
La vendedora le extiende la caja con las botas – Tome, use un calzador.
Tira de la caña con enojo, se pone de pie y da unos pasos vacilantes hasta quedar frente al espejo.
- ¡Señorita! Disculpe, mejor veamos esos mocasines.