Me cuesta un poco abordar ese personaje, cierta parte de mi necesita justificarla de alguna forma. Pero no, la tipa mató a sus hijos. ¿Y qué con eso? Quizá porque por otro lado me siento extranjera como Medea y andá a saber por qué otro lado también me identifico (mujer que deja todo por un tipo, aunque no es ciertamente mi caso) y me rompe las pelotas.
Cuando consiga algo de tiempo me embarcaré con eso.
Una buena para "México lindo y querido": voy a ver a los Babasónicos gratarola.
Otro tema, decidí que entre lamentarme porque estoy lejos y hacer como que todo bien y festejar semi-sola el domingo...mejor lo segundo. Así que me voy a tomar unas cuantas cervezas con tres o cuatro uruguayos más, mientras escuchamos via internet alguna radio y hacemos como que estamos súper contentos.
Los que puedan festejen de verdad, las fiestas hacen bien a la salú.
Cuando emprendas el viaje hacia Itaca
ruega que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A los Lestrigones, a los Cíclopes
o al fiero Poseidón, nunca temas.
No encontrarás trabas en el camino
si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita
la emoción que toca el espíritu y el cuerpo.
Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al feroz Poseidón has de encontrar,
si no los llevas dentro del corazón,
si no los pone ante ti tu corazón.
Ruega que sea largo el camino.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que - ¡con qué placer! ¡con qué alegría! -
entres en puertos nunca antes vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finas mercancías
madreperla y coral, ámbar y ébano,
y voluptuosos perfumes de todo tipo,
tantos perfumes voluptuosos como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
para que aprendas y aprendas de los sabios.
Siempre en la mente has de tener a Itaca.
Llegar allá es tu destino.
Pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que ya viejo llegues a la isla,
rico de todo lo que hayas guardado en el camino
sin esperar que Itaca te de riquezas.
Itaca te ha dado el bello viaje.
Sin ella no habrías aprendido el camino.
No tiene otra cosa que darte ya.
Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado
sabio como te has vuelto con tantas experiencias,
habrás comprendido lo que significan las Itacas.
C.P. Cavafy
(1863-1933)
Hace tiempo que la expectativa está puesta. Pasan los días y se acerca el 31 de octubre. Para los no uruguayos les cuento que ese día hay elecciones en Uruguay. A mis compañeros de laburo les asombra que comente con pesar que no voy a poder ir. Es que fuera he comprobado que eso de que somos un país con cultura cívica resulta ser cierto. Y los uruguayos me van a decir que si el voto es obligatorio eso de la cultura cívica es relativo y yo digo que por más obligatorio que sea eso no explica porqué tanto uruguayo repartido por el mundo decidió viajar por estas fechas para emitir su voto y para festejar.
Me veo claramente en las elecciones anteriores, sentada a la puerta de mi casa, tragándome la bronca con un par de cervezas, segando las ganas y pensando como pobre consuelo que la próxima seguro les ganamos y ahí estaremos, en 18 de julio meta festejar.
No soy una fanática de la política, no creo en los políticos, digamos que sé que estoy votando al menos malo y también que la esperanza de que las cosas cambien es a largo plazo. En realidad pienso que si me van a coger y ver la cara que al menos sea alguien que me caiga bien y que no sienta que es terrible hijodeputa.
Con esto alguno se preguntará entonces porqué me frustro tanto. Simplemente porque me voy a perder la fiesta, la GRAN fiesta, esa alegría total para exorcizar aquella noche en que perdimos, el desborde eufórico que mueve tanta energía, el festejo porque sí, porque es necesario, porque pese que al otro día todo sea igual al menos nos dimos terrible baile, flor de inyección de energía. Eso me voy a perder, y en Monterrey no tengo forma de inventar nada parecido, siento que el ejercicio solitario del festejo es un bajón. Supongo que ahí estaré al día siguiente, entrando a redota para leer los despliegues verbales, tratando de entrar a las radios para escuchar comentarios y esas pelotudeces, pero ni ahí con lo que pudo haber sido.
Ta, pa los que están allá, disfruten las sonrisas y los ojos brillantes, el baile en las calles, las bocinas sonando y si pueden saquen fotos.
Decidí que me voy a ganar la vida escribiendo. Ya era tiempo que decidiera algo.
De mi infancia recuerdo la siesta y el silencio de la sala, que se me antojaba enorme. Allí mi objeto preferido era un cuadro y las horas se estiraban mirándolo. Veía un color, pero luego aparecía otro y las formas me contaban una historia nueva, aquí cerca había un camino y más atrás escuchaba una canción escapar de una ventana.
Algo parecido me pasó cuando descubrí la obra de Guadalupe Vázquez. Cada una de sus piezas tiene algo que contar y siempre es diferente a sí misma. Sólo hay que darles la oportunidad, detenerse y dejarse atrapar.
Como un Collage - Así define su vida esta artista, nacida bajo los influjos del tango, para crecer a la vera del mediterráneo y que hoy vive atrapada por el colorido mexicano. Sus cuadros han viajado para ser expuestos en México, España, Nueva York y Washington.
En su búsqueda por desaprender se enfrenta al lienzo sin dudas, y como en un salto sin red se entrega con sencillez a la revelación de los planos, al desparpajo del color y la sugerencia de las líneas.
Una cierta mirada – Es importante el nombre con que Guadalupe Vázquez “da a luz” sus piezas. Nombres sencillos, que consiguen tocar nuestra nota personal en la canción común a todos.
Guadalupe mira y nos muestra lo bello de lo cotidiano, en un simple tendedero o en la sucesión de postes en la carretera. Se confabula con los colores y nos reta cordialmente a vibrar. Toma las emociones comunes y las plasma libremente en el lienzo, moviéndose con comodidad en un mundo que roza los límites de lo figurativo y lo abstracto.
Las ciudades invisibles – La artista despliega su paleta y nos muestra con planos superpuestos y pequeñas manchas de luz, el entretejido urbano de las ciudades que nos asfixian y contienen, las miles de ciudades que habitamos a diario.
El desafío entonces será dejarse atrapar por la sensible obra de Guadalupe Vázquez y aceptar su invitación al juego de la vida.
Hace tiempo observo que al mexicano de Monterrey (no sé si al del resto del país) le cuesta acertar a la hora de poner un acento en una palabra. No estoy diciendo que la escriban con o sin tilde sino que no tienen mínima idea en qué lugar físico de la palabra colocar el tilde en caso de que se les diga "está mal escrita, lleva tilde". Ayer corregí en tres textos de distinto origen este problema (árrancamos, por ej.)
Una posible explicación es la cercanía con gringolandia (por eso de que en inglé las palabras no llevan tilde...) pero no me convence.
Me pregunto hacia dónde está yendo el idioma ¿Será que pronto hablaremos con otra cadencia? Porque no se trata de la forma de escribir, creo que se trata de la percepción que tienen los mexicanos de las palabras, o quizá simplemente que las maestras mexicanas no explican didácticamente eso de las palabras agudas, graves o esdrújulas ¿se acuerdan del jueguito de separar en sílabas aplaudiendo al decir la sílaba acentuada? Yo sí.
Tema interesante si los hay, no? Bué, resulta que el jueves pasado me mudé a un departamento. Todo lindo pipí cucú (pah, cuanto hace que no oigo eso, medio antiguo por demás) pero a la noche...de repente se escuchó una melodìa entrar por las ventanas. Julio Iglesias hizo su aparición y allí se quedó hasta pasadas las 12. Pensé que era casualidad, pero el viernes la cosa empeoró. Esta vez el ataque venía de dos frentes. En el apartamento contiguo sonaba un punchis punchis insoportable que hacía vibrar ligeramente las hojas de mi pobre enredadera y en el de abajo...una música norteña terrrrrible amenazaba con quebrar los vidrios. Ahí empecè a ponerme nerviosa pero debido a mi precaria situaciòn de vecina recièn llegada y foránea decidí aguantar. Me levanté y me puse a lavar ropa, luego acomodé los libros y también me hice un fainá con la penúltima bolsa enviada de uruguay.
A eso de las 4 de la matina terminó el kilombo. El sábado fue solamente la vecina de abajo (los pibes de al lado se ve que salieron de jodita) y el domingo comenzó transcurriendo con total normalidad, a las 10 de la noche el silencio era ejemplar, pero a las 11...vuelta a empezar.
Me van a decir porqué no digo nada, simplemente porque estoy tan caliente que tengo miedo de meter la pata. La que pone la música al mango es precisamente la mujer que me rentó. No quiero llamar a los milicos en primer lugar porque no son de fiar (acá entran a tu casa con cualquier escusa y toman nota de lo que hay pa robar) y en segundo porque mis papeles no están lo bien que debieran. Y también porque los tipos del ruido chupan abundante y mejor no llamarles la atencion. "Así está el mundo amigos" dirìa el Traverso.
"Si no te gusta la sopa: dos platos"
Recordé el año 2000. Me habìa mudado a una casita por el buceo, linda casita estilo Hansel y Grettel. A mediados del verano cayó el dueño por ahí y se instalò en la casa de al lado, el tipo tenìa una nena de 13 años que era fanática de Shakira. Estuve oyendo todo el verano sus canciones, que se escuchaban saliendo de un casetero mono hasta las 11 de la noche: esa fue la razòn por la que rescindí el contrato y me fui de ahí.
Si lo pienso me da risa, mi nivel de resistencia a aumentado un montòn.
Para consolarme pienso que si hubo gente que aguantó vivir en condiciones re saladas yo bien puedo aguantar ese kilombo nocturno diario, es solo cuestiòn de proponérselo. Así que acá estoy creyéndome buda y pensando filosóficamente y fisiológicamente que aflojando duele menos.
Lo que daría hoy porque una pendex me cantara estoooy aaaquí ahogandomeeeee hasta las 11 de la noche.