Y para que entienda de una puta vez que eso de la nostalgia y las comparaciones acalambran y que ya es hora de dejarse un cacho de joder adivinen por quien estuve acompañada mis 4 días en la yapla. Si, por 2! perros. De los clásicos perros flacos, que comen más pescado que carne. Fue llegar a la orilla del arroyo que había que cruzar para llegar a lo de Ana (la mina que tiene el quincho para que uno acampe) y de la nada sale un perro grandote y se sube de un salto a la lancha. Llegamos y aparecieron dos perros del lugar que se instalaron al lado de la carpa, salieron a caminar con nosotros, le ladraban a la oscuridad de noche y todo, como si fueran propios, tal cual los de valizas. Fue raro estar con calor de verano en casi invierno, con días que empezaban a las 7 y terminaban también a las 7 clavao, raro pero lindo. El pacífico está bueno, aunque lo siento más traicionero que al atlántico, la corriente se siente más fuerte y tiene el peligro de los tiburones. En fin, que la pasé bastante bien, comí puro pescado sentadita a pocos metros del mar, genial.
Apenas llegamos apareció un tipo a vender macoña, baratita, mega verde y puro palo. Había 6 carpas en total y todas le compraron...era un fume constante. Bien, tranquilaso. Yo como que no encaro estar fumada todo el día, no sé, un rato si, pero como que me quita mucha energía, así que ahora resulta que tengo un poco de provisión y todo. Llegamos a DF a las 5 de la mattina: 0 grado! Me recagué de frío. Sabía que iba a sentir el contraste pero no sabía que habíá bajado tanto la temperatura, salado mismo.
Y acá ando, deseando salir de la oficina, con los dátiles fríos porque en México no existe la calefacción ni nada parecido, a ver qué peli me chuto el fin de semana. A veces siento que me alcanza con eso, tan simple, y que todo está bien.
Lo que recuerdo de allá es que estaba buena la resurrección post invierno. Ese despertar, volver a creer y esperar.
Superar los meses de frío y arrancar como si no hubiera habido bajón.
Pero la memoria miente también. Capaz el bajón igual te seguía en verano, sólo que ligero de ropa.
Extraño, va para más de 4 años y sigo extrañando. Uno se acostumbra a extrañar también. Me pregunto si algún día tendré el valor suficiente de volver, así como tuve la inconciencia de pelarme. Ni idea.
Por lo pronto me voy el fin de semana a la playa: 6 horas de viaje para ver un cacho de costa y hacerme la cabeza que estoy en valizas, sólo que el agua es más tibia, hay cocos, el cielo tiene otro dibujo y los perros grandes no me vienen a saludar.
"A vos no te gusta mirar deportes porque no te sabés las reglas de ninguno"
Y tienen razón.