Llevo más de un año viviendo en el DF y todavía no conozco un carajo, con decir que apenas empiezo a orientarme en el Centro Històrico. Cada vez que voy, y eso es bastante seguido ya que me queda cerca y mis opciones de transporte estàn limitadas a metro, le descubro una nueva textura.
No quiero desmerecer a Montevideo, ciudad que he caminado y me encanta, pero si no fuera por la inmensidad de la rambla...casi no existirìa.
El centro está lleno de iglesias, bueno, todo el país está lleno, pero las del centro històrico son las que màs he visitado pese a que en tèrminos generales me da un poquito de alergia toda esa historia catòlica.
Me choca mucho esa onda netamente mercantil que hace encontrar dentro del templo puestos de venta de chucherìas religiosas, pero adentro mismo, nada de estar de la puerta para afuera. Cuando vi los primeros puestos me acordé patente de aquél enojo de Jesùs, creo que es de las escenas que más me gustan, aquella que cuenta que el tipo cayò en un templo y al ver que la cosa era una sucursal de tristàn narvaja, se desató la tùnica y con la piola entró a desparramar todo para espantarlos de ahì.
Así que las iglesias están llenas de boutiques celestiales. También están las imágenes, muchas con pelos y ropa de verdad, recuerdo cómo me impresionaban las de Montevideo y no quiero imaginar lo que hubieran hecho con mi cabeza estas imágenes tan jodidamente realistas. Los repeluznes dorados, las puertas de madera, lo gigantescas que son, eso también me llama la atención, pero sobre todo me asombra el "efecto terremoto" que tienen (y otros muchos lugares, pero acá estoy con las iglesias).
Resulta que casi todas las iglesias tienen más de una pared en falsa escuadra, los pisos se ven bien, pero basta con que uno camine para que recuerde alguna experiencia dentro de un bote. Hay algunas que no se sabe còmo se mantienen en pie. Si uno mira descubre enseguida las grietas, la parte emparchada, la zona que se hizo pedazos.
Ayer entrè a una que me hizo sentir bajo los efectos de un porro, todo daba la sensación de movimiento, de inestabilidad.
Gran paradoja si las hay: supuetamente las religiones, en especial el dogma católico, te contienen, te dicen lo que está bien y lo que no, te dan la sensación de refugio seguro, te prometen el cielo y el infierno, te dan certezas para vivir, es el espacio rígido y normativo.
Pero, en el centro histórico del DF, la religión se tambalea y te muestra impúdicamente que estàs literalmente en el aire, que todo puede derrumbarse, que los ángulos rectos no existen y entonces sólo te tenés a vos, si es que te tenés.
“¡Te digo que puedo moverlo!” “No, no podés nada, a ver, mostrame. Te apuesto media hora de cosquilla a que no lo movés” “Dale, si lo muevo me hacés media hora de cosquillita en la cabeza. Ponelo sobre la mesada, ahí, y mirá” Victoria y yo estamos en la cocina, sobre la mesada de mármol hay un vaso de vidrio verde acostado, ella porfía con que puede moverlo sin tocarlo y yo, por supuesto, me la juego entera a que no. Victoria se concentra mirando el vaso, al principio hago silencio pero me ganan los nervios y se me escapa la risa. “Callate nena ¿no ves que no me dejás concentrar?” “No sé si lo vas a mover, pero bizca seguro que te quedás” “No hagás ruido que mamina se va a despertar y dejame, sino la apuesta no vale” “Ta bien, a ver, mostrame cómo se mueve el vaso”
Victoria se concentra, de repente el vaso rueda sobre la mesa, apenas medio giro. “¡Já! ¿Viste nenita? ¡Lo moví!” Victoria festeja su triunfo “Ná, hiciste trampa, lo soplaste…” “Mentiraaaa, no lo soplé nadaaaa” “Sí, lo soplaste y así no vale”.
Prefería morir que perder una apuesta con mi hermana pero la verdad es que ella nunca sopló el vaso.
Otro que regresó, para mi alegría, es el Benito.
Si no lo conocen acá les va:
http://dragonlieder.blogspot.com/
Me encontré en otro blog este texto de Cortázar a propósito de la muerte de los íconos. Explica bastante bien qué es lo que me pasa con la muerte del Darno, salvando las distancias y etc.
BURLA BURLANDO YA VAN SEIS DELANTE
“Más allá de los cincuenta años empezamos a morirnos poco a poco en otras muertes. Los grandes magos, los chamanes de la juventud parten sucesivamente. A veces ya no pensábamos tanto en ellos, se habían quedado atrás en la historia; other voices, other rooms nos reclamaban. De alguna manera estaban siempre allí, pero como los cuadros que ya no se miran como al principio, los poemas que sólo perfuman vagamente la memoria. Entonces -cada cual tendrá sus sombras queridas, sus grandes intercesores- llega el día en que el primero de ellos invade horriblemente los diarios y la radio. Tal vez tardaremos en darnos cuenta de que también nuestra muerte ha empezado ese día; yo sí lo supe la noche en que en mitad de una cena alguien aludió indiferente a una noticia de la televisión, en Milly-la-Forêt acababa de morir Jean Cocteau, un pedazo de mí también caía muerto sobre los manteles, entre las frases convencionales. Los otros han ido siguiendo, siempre del mismo modo, Louis Armstrong, Pablo Picasso, Stravinski, Duke Ellington, y anoche, mientras yo tosía en un hospital de La Habana, anoche en una voz de amigo que me traía hasta la cama el rumor del mundo de afuera, Charles Chaplin. Saldré de este hospital. Saldré curado, eso es seguro, pero por sexta vez un poco menos vivo.”
Y qué cuando te quedes solo
y qué cuando te quedes sólo
y qué cuando te quedes sólo
y qué
Acabo de enterarme de la muerte del Darno. Necesito tiempo. Me parte al medio.
Recuerdo mi última ida a Uruguay, las fotos que le saqué. Recuerdo que lo saludé y por fin me animé a decirle que fìsicamente era muy parecido a mi padre y que en algún lugar así lo sentía.
Hay que comenzar a despedirse.